DÉFICIT DE NATALIDAD EN ESPAÑA, SU TASA DE FECUNDIDAD ES LA MÁS BAJA DE LA UE-28

Todos los países de la UE están “por debajo del nivel de reemplazo generacional”; la maternidad tardía y el aborto acrecientan el problema. España “va camino del colapso socioeconómico a causa de su aversión a tener hijos, advierte un economista

Una sociedad sin hijos es una sociedad sin futuro. No son pocos los expertos que coinciden con esta afirmación, entre ellos el abogado y economista Manuel Blanco. En su libro Una sociedad sin hijos, Blanco advierte de que España necesita aumentar su natalidad.

El pueblo español y todos los pueblos que lo integran van camino del colapso socioeconómico a causa de su aversión a tener hijos”, afirma en su libro. Siendo esto así, ¿cómo se puede entender que España tenga una de las tasas de natalidad más bajas del mundo?

Una de las razones que explican este fenómeno, aunque no la única, es que España es uno de los países de la UE-28 con mayor tasa de ruptura matrimonial.

La tendencia en Europa: pocos hijos y envejecimiento de la población

La tendencia en Europa: pocos hijos y envejecimiento de la población

Una Europa sin hijos

El problema del déficit de natalidad no se reduce a territorio español, sino que es un mal endémico en la mayoría de países europeos, aunque la tasa de fecundidad en España es la más baja de la UE-28.

De hecho, “en Europa nacen cada vez menos niños: apenas se superan los 5,1 millones de nacimientos anuales”, según el informe ‘Evolución de la familia en Europa 2018’, elaborado por el Instituto de Política Familiar (IPF).

Así, a pesar del aumento de la población en 60 millones de personas en los últimos 40 años, y del efecto migratorio, “nacen 1,5 millones de niños menos” que en 1975 (6.659.375 nacimientos). En 2016 nacieron 5.148.162, añaden los responsables del estudio.

Desde entonces, en una línea claramente descendente, solo en 2010 se produjo un ligero repunte en el que se creció hasta los 5.411.129 nacimientos.

“Por debajo del nivel de reemplazo generacional”

De hecho, la tasa de fecundidad en todos los países de la UE-28 es tan baja (1,60 hijos de media por mujer en edad fértil) que “todos los países están por debajo del nivel de reemplazo generacional” de 2,1 hijos por mujer, destaca el estudio.

En 1982 ese índice era de 2 hijos por mujer en edad fértil, y en 1986 de 2,02. A partir de ahí cayó en picado hasta 1,28 en 1998, para repuntar después poco a poco hasta llegar a 1,60, añade.

En ese contexto, “España e Italia con 1,34 hijos por mujer son los países de la UE-28 con menor tasa de natalidad y están en situación de natalidad crítica”, como se puede observar en el siguiente gráfico, reproducido a partir del estudio del IPF.

A continuación de España, en último lugar (aunque en el gráfico no aparece el nombre), están Portugal (1,36), Malta y Chipre (1,37), Grecia (1,38) y Polonia (1,39).

Por su parte, “Francia (1,92), Suecia (1,85) e Irlanda (1,81) están saliendo de la crisis de natalidad”, mientras Reino Unido (1,79) y Alemania (1,60) son otros países del entorno mejor situados que España.

Una maternidad tardía

El estudio del IPF también analiza otros aspectos negativos para la familia que se suman a la escasa natalidad, como la postergación de la maternidad. “Los europeos cada vez tienen los hijos más tarde” y “la edad media de maternidad ha alcanzado los 30,6 años” en la UE-28, señala el informe.

De hecho, “se ha retrasado 3,5 años la edad media de maternidad en los últimos años y ha pasado de ser 27,1 años en 1980 hasta 30,6 años en 2016”, agrega.

En la evolución de la edad media de la maternidad desde 1980 que dibuja el estudio, “las irlandesas (32,1 años) y las españolas (32 años) son las que más tarde tienen sus hijos”, sentencia el informe.

"Aborto libre", un grito de guerra por el que se paga un precio

“Aborto libre”, un grito de guerra por el que se paga un precio

España, entre los países más abortistas

Por otra parte, “la natalidad no sólo ha caído a niveles dramáticos, sino que se está agravando aún más con el aborto”. En la UE-28 “se produce un aborto casi cada 30 segundos y casi 2.800 abortos diarios”, cita el estudio.

“En el 2015 se produjeron 1.021.044 abortos lo que significa que cada día 2.797 niños dejan de nacer en Europa (UE-28) por el aborto, esto es, se producen 116 abortos cada hora”, agrega.

En ese contexto, “Francia, Reino Unido, Alemania y España son, en la actualidad, los países donde más abortos se producen. […] Polonia es el país de la UE-28 donde menos abortos se producen”, como muestra este otro gráfico.

Según los responsables del estudio, uno de cada seis embarazos, es decir el 16,7%, acaba en aborto en la UE-28. Así, con datos de 2015, “de los 6.124.209 embarazos que se produjeron, 5.103.165 fueron nacimientos (83%) y 1.021.044 terminaron en aborto, esto es el 16,7% de los embarazos”.

En ese escenario, Polonia es, con diferencia, el país de la UE-28 menos abortista: “tan solo un aborto por cada 350 embarazos”, insiste el informe. Por su parte, “en Bulgaria (29,6%), Rumania (26,4%) y Estonia (26%), más de uno de cada cuatro embarazos acaban en aborto”.

En su conjunto, “el aborto se ha convertido en una de las primeras causas de mortalidad. […] se han producido más de 52 millones de abortos desde 1980”. En total, 52.207.833.

El aborto adolescente

Al mismo tiempo, el estudio advierte sobre el aumento de los abortos entre adolescentes: “cada cinco minutos aborta una chica adolescente en Europa […] y uno de cada nueve abortos (el 11% del total) es de adolescentes”.

De hecho, con datos de 2015, “el número de abortos de menores de 20 años superó los 109.000, lo que significó que cada día 300 chicas adolescentes abortaron”.

“Reino Unido (28.105) es el país donde más adolescentes abortan. Le siguen Francia (24.097 abortos) y España (10.012 abortos)”, detalla el informe.

Un dato que llama a la reflexión: por cada cinco nacimientos, un aborto

Un dato que llama a la reflexión: por cada cinco nacimientos, un aborto

Por cada cinco nacimientos, un aborto

Un último gráfico del informe sobre esta cuestión nos muestra la tasa de abortos en relación a los nacimientos en todos los países analizados, y muestra que “por cada cinco nacimientos se produce un aborto en la UE-28”, o sea una tasa de 0,2.

Como se ve en el gráfico, Bulgaria es el país con una mayor tasa: “por cada diez nacimientos se producen más de cuatro abortos”, es decir una tasa de 0,42, constata el estudio.

Otros países a destacar son Francia (0,27); Reino Unido (0,25); España (0,23); e Italia (0,18), este último ya por debajo de la media de la UE. Polonia y Croacia tienen una tasa de abortos/nacimientos prácticamente nula, como muestra el gráfico.

Consecuencias sociales y económicas

El estudio del IPF concluye este apartado advirtiendo de algunas de las consecuencias de la baja natalidad y el aumento de los abortos: “en definitiva, se está produciendo un déficit de natalidad en Europa en el que cada vez hay menos niños”.

Esta realidad “está provocando graves consecuencias sociales y económicas”, como la “reducción de la población o suicidio demográfico”.

Al mismo tiempo, la caída de la natalidad provoca una “disminución de trabajadores y por tanto disminución de los ingresos en la Seguridad Social”, con lo que el “riesgo de quiebra de las prestaciones sociales y del Estado del Bienestar” está garantizado.

POR Ferrán Esteve, FORUM LIBERTAS

Corrupción por amoralidad

Cada portada del telediario o del periódico nos anuncia últimamente un nuevo caso de corrupción o aporta ramificaciones de otro anterior. Afecta a todos los partidos que han gobernado y su volumen suele ser bastante proporcional al nivel de poder detentado por el partido en cuestión. Va más allá de la acción punible de algunas personas corruptas y parece ser sistémica, incrustada en la organización de los partidos y en su forma habitual de gobernar.

El tsunami ha llegado estos días hasta el presidente del Gobierno y veremos cómo termina el revuelo político. Sea cual sea el desenlace, la sensación de que los políticos de este país son corruptos llega a ser tan asfixiante y omnipresente que incluso oculta a los ojos de la población algo tan importante para todos como la mejoría de la situación económica, que va dando síntomas de haber superado gran parte de la crisis y empieza a abrir horizontes a muchos que se veían sin perspectivas en los últimos años.

Jamás se puede juzgar la conciencia de nadie, ni siquiera del considerado peor. Todos tenemos muchos defectos. No pueden aplaudirse, por ejemplo, algunos alegatos de determinados tertulianos contra los corruptos, cuando es sabido que algunas de estas estrellas mediáticas evaden impuestos, aunque no se trate de cifras millonarias. O las mismas personas muestran otros tipos de corrupción derivados de ser “intelectuales orgánicos” de uno u otro partido, lo que al fin y al cabo les da beneficios, sean económicos o no, y no pocas veces manipulan datos en provecho de unos u otros, sabiendo que no dicen la verdad.

A menudo se exigen más mecanismos legales para combatir la corrupción. Puede estar bien, pero el problema es más hondo. El sustrato de todas estas actuaciones  radica en cuál es el sentido moral de las personas. Y este no pocos lo quieren eliminar, o, al menos, expulsarlo de la vida pública. Oí decir en varias ocasiones textualmente a políticos, y más aún a mujeres políticas en referencia a aspectos como el aborto, que “no admitimos tutelas morales”. A quienes defienden, defendemos, el sentido moral, se nos echa en cara de inmediato recurrir a la moralina antes de que abramos la boca.

Javier Urrea, que fue Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, en su libro “Primeros auxilios emocionales para Niños y Adolescentes” (La Esfera de los Libros), dice que “la amoralidad facilita la corrupción, el tráfico de drogas y otras perversas conductas”. Aunque no se refiera directamente a la política, es perfectamente aplicable a ella.

Si no hay sentido moral todo naufraga. Lo ve claro cualquiera que desee mirar la realidad con ojos limpios, sin prejuicios, pero es evidente que la actuación de la mayor parte de quienes están al frente de instituciones públicas y de los medios de comunicación va dirigida a la eliminación del sentido moral o, como mínimo, a separarlo de las bases en que pueda  sustentarse. Baste darse cuenta del asedio para eliminar la enseñanza de religión en la escuela. Sin fundamentos sólidos, las construcciones se derrumban, por bonitas que sean en superficie.

Por Daniel Arasa, periodista