El aborto campa a sus anchas en España

Aborto

Un pensamiento en “El aborto campa a sus anchas en España

  1. Tenemos aquí una perfecta muestra de hacia dónde puede llevar el relativismo moral y sobre cómo la inadecuada actuación hacia lo excepcional puede convertirse en norma y regla, llevándonos a la degeneración.
    Recuerdo que los primeros “supuestos” para los que se planteaba el aborto en España eran únicamente los casos de violación.
    La incidencia criminalística de la violación es ínfima, según demuestran las denuncias y autos judiciales. Y en ellas podemos ver que muchísimas menos terminan en embarazo, lo que no es de extrañar cuando se considera la fisiología humana y su funcionamiento.
    Cuando aparecieron otros supuestos y finalmente se despenalizaron, la alegación de que la gestante había sido violada disminuyó considerablemente, y á partir de la “ley de barra libre de abortos” o “Ley Aído” (Que viene a ser lo mismo) , casi desaparece por completo el tema de las violaciones; quizá empieza a ajustarse a las reales. Ya no era necesaria una alegación, bastaba con cumplir unos plazos de gestación.

    Matamos a más de cuatrocientos mil hijos nuestros cada año por una mal aplicada compasión, en donde la culpa se la llevaba QUIEN NO ESTABA ALLÍ en mayor grado que el violador, que a menudo sale completamente absuelto.

    Tendríamos que ver de una vez por todas cómo se tomó un dedo y se está estirando hasta el hombro, tendríamos que abrir los ojos a tanta manipulación y al adoctrinamiento subsidiario que abre las puertas hacia una desmoralización total que se traduce ya en otros ámbitos legislativos, jurídicos y sociales. Cuando un gobierno propugna el aborto como “un derecho de la mujer” (Olvidando entre otras cosas que a menudo los fetos también lo son) y autoriza a la matanza -y aun al exterminio, como muestran las estadísticas- nos está diciendo que tenemos derecho a matar. No puede extrañar a nadie la subsiguiente promoción de la eutanasia.

    Así es como llegamos a ver patíbulos en plazas públicas, con guillotinas (que hoy son de juguete y mañana serán auténticas) como respuesta a una sucesión monárquica. Todo esto es muy peligroso, además de suponer un abuso flagrante contra la humanidad y nuestra propia deshumanización.

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