El Parlamento Catalán se pone de perfil en la defensa de la libertad de expresión de los catalanes.

El Partido Familia y Vida se adhiere al comunicado de E- CRISTIANS:

El fundamento de la democracia es la separación de funciones, entre el legislativo, ejecutivo y judicial. Cuando esta división no se mantiene, el estado de derecho desaparece, y la libertad peligra.

Ahora, en un hecho insólito porque es la primera vez que sucede, la Comissió d’Igualtat de les Persones del Parlament ha hecho público un Manifest de Recolzament al col·lectiu LGTBI, en el que “insta a la organización de la charla a evitar dar espacio a planteamientos que atenten contra el derecho a la no discriminación” en relación a la anunciada conferencia del intelectual católico y homosexual francés Philippe Ariño, en el marco de una actividad de la Delegación de Juventud del Arzobispado de Barcelona, y en una sede diocesana.

Esta actuación parlamentaria, firmada por los representantes de los partidos del gobierno de la Generalitat ERC, PDECat, así como la CUP, PSC, CSQP, y Ciudadanos constituye un precedente muy grave de intromisión parlamentaria en la sociedad civil, y una degradación de las funciones del Parlament catalán.

El Parlament y los parlamentarios en su función oficial, como representantes de una Comisión, no tienen como misión elaborar manifiestos, como no lo tienen las otras dos instancias del poder. Cada una de las tres ramas tiene sus canales propios para actuar: leyes, acuerdos de pleno o comisión, mociones, preguntas, proposiciones no de leyes, y en este ámbito han de moverse, de la misma manera que el ejecutivo lo hace por medio de acuerdos de gobierno, proyectos de ley, decretos, órdenes, etc., y el judicial con autos, sentencias, etc. Los miembros de la Comisión se han extralimitado en su mandato y han confundido el Parlament de Catalunya con una asamblea irregular.

Exigimos de la Presidencia del Parlament que pida un informe jurídico a sus servicios sobre este proceder, y una actuación para restituir el significado de la alta misión de nuestro Parlament.

Más grave aún: el Parlament no puede instar a ningún ciudadano o entidad a hacer o dejar de hacer algo, porque es una desviación radical de sus funciones, y en la práctica un chantaje, que desvirtúa el decoro de la Cámara. El papel del Parlament es controlar el poder ejecutivo, y en ningún caso el pueblo, que es una práctica bananera. Es a la justicia a quien le compete velar por la aplicación de la ley. Convertir el Parlament en una especie de Tribunal alternativo es un precedente muy peligroso para nuestra salud democrática.

La actuación del Parlament de Catalunya atenta contra la libertad de expresión, la libertad religiosa, porque en el acto previsto no se dirá nada que no esté contenido en los textos y manifestaciones de la Iglesia. Vulnera los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español, y es una censura previa incompatible con la democracia.

Pero es que además, las posiciones del señor Ariño son bien conocidas: defiende el celibato y la abstinencia sexual. Si en lugar de hablar de su experiencia homosexual, Ariño se refiere al celibato de los heterosexuales incurriría en algún tipo de juicio discriminatorio sobre ellos? Es evidente que no. El celibato es una opción de vida de las personas en su conjunto y no en razón de una determinada orientación sexual.

En realidad, lo que hace el Frente de Liberación Gay y la citada Comisión del Parlament es querer presentar como única un determinado estilo de vida homosexual, que ni mucho menos es compartido por todos. Es aquel que ha convertido el sexo y todas sus manifestaciones en la razón central de la vida: es el exhibicionismo del día del Orgullo Gay, es -como hace el FAGC y su Observatori- considerar discriminatorio que los vigilantes del FNAC no permitan relaciones sexuales en sus lavabos, son los que afirman que el cruising, el sexo en el espacio público es un derecho, los que defienden que el chemsex no es una práctica que sea desechable, y tantas otras cuestiones. Pero no todas las personas homosexuales comparten esta visión promiscua del sexo, levantada a categoría política. Unos la viven con la normalidad de su vida íntima, otros buscan o logran salir del armario hacia la heterosexualidad, y unos terceros -como también hacen personas heterosexuales, hombres y mujeres- se afianzan en la vía del celibato.

Una sociedad democrática no puede aceptar que se convierta en norma para todos la forma de vida de unos cuantos a base de prohibir toda manifestación diferente. Esto sería una dictadura inaceptable.

Las leyes contra la discriminación no están para ahogar la legítima libertad, ni para impedir la denuncia de los excesos.

 

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