“La mentalidad anticonceptiva se vuelve contra la mujer”

Regina Cárdenas (foto: Óscar de la Fuente / Tajamar)

Del 22 al 24 de septiembre tuvo lugar en la Universidad de Navarra un Simposio multidisciplinar sobre reconocimiento natural de la fertilidad. La variedad de enfoques y la profundidad de los temas –antropología, afectividad y salud en torno a la sexualidad centrada en la persona– despertaron una enorme esperanza en cuanto al presente y el futuro del amor y la vida humana. Entre los ponentes se encontraba la doctora Regina Cárdenas, médico y promotora de proyectos sociales, que responde a algunas de las preguntas que se suscitaron.

— Sorprende la eclosión de interrogantes que surgen al abordar interdisciplinarmente la reproducción humana. ¿Se acostumbra una ginecóloga a trabajar en las entrañas de la vida?

— La vida es un misterio insondable, más para una persona contemplativa, como yo. Cada vez que veo la secuencia de pares de bases de un genoma, el latido de un embrión de dos milímetros, el primer llanto de un niño… me conmuevo ante la grandeza de lo que es el ser humano.

— La generación del 68 reventó con preguntas y desafíos a los que, quizás, no se había dado una respuesta acorde con la mentalidad contemporánea. ¿Cómo nos impacta este tsunami antropológico y moral?

— Me fascina lo relacionado con aquella revolución porque yo nací en el año 1968. Además, en los últimos años se está produciendo una re-revisión de lo que sucedió. Pienso que no fue una revolución sexual, sino el debut del individualismo aplicado a la sexualidad. En el centro de todo se situó el yo, el placer personal, el propio deseo. Ese giro vino acompañado por la evolución de anticonceptivos hormonales que permitían desligar sexualidad y reproducción.

— El individualismo termina por sumergirnos en una soledad muy dolorosa, más cuando el placer se consuma. ¿Y qué de bueno nos aportó aquella eclosión?

— Las personas sentían que sus vidas estaban regidas por normativas externas, controles al margen de su individualidad. Eso abrió una puerta maravillosa: desde entonces somos más conscientes de nuestra libertad interior. De una ética percibida como imposición extrínseca llegamos a la ley inscrita en el corazón. Es vital abordar estos temas con honestidad, con fundamentación, con el deseo de acompañar y de aprender sin imponer.

— Usted suele utilizar un término que seduce a la razón: “Ecoética”. ¿En qué medida la medicina nos sana para vivir en armonía con nuestra naturaleza?

— La “ecoética” viene usándose en entornos de pensamiento muy distintos. Tenemos sed de re-conectar con lo más profundo de nosotros mismos. Queremos cuidar mejor nuestro cuerpo y nuestro entorno. Y el “todo vale” ha tenido efectos no deseados en ese sentido. Hace falta un universo común que nos salvaguarde desde una ley natural acorde a lo que somos. La esencia de la medicina es sanar la carne sin olvidar el espíritu, respetando profundamente la dignidad de cada persona en su integridad.

— Conforme avanzan los descubrimientos científicos, la medicina da más esperanza a quienes desean concebir y no pueden. ¿Qué hallazgo le parece más significativo?

— Ante situaciones de esterilidad se van dilucidando muchas causas. Resultan llamativos los últimos avances en microbiota endometrial, o en la genética de las células endometriales y su influencia en los procesos de implantación para que pueda prosperar un embarazo.

— Paradoja: mayor conciencia ecológica. Crecen los feminismos. Pero la anticoncepción aboga por métodos que alteran el cuerpo de la mujer a veces durante años. ¿Y los efectos secundarios?

— El eje hormonal es la esencia transversal de nuestro ser mujeres. Trastocarlo es romper la armonía interna. Las pacientes no reciben información completa sobre lo que están decidiendo tomar. Apenas se publican estudios médicos que alerten sobre los efectos neuropsicológicos de los anticonceptivos hormonales: desde anomalías en el sistema nervioso central, hasta la alteración en vínculos relacionales, pasando por tendencia a depresión, estrés o miedo. Somos una unidad.

“Apenas se publican estudios médicos que alerten sobre los efectos neuropsicológicos de los anticonceptivos hormonales”

— Entonces el deseo de liberar a la mujer acaba por dañarla.

— La mentalidad anticonceptiva se vuelve contra la mujer. Cada vez más me encuentro con un patrón estremecedor: primero se practica el sexo; después se plantea si hay atracción personal. Entristece escuchar a tantas mujeres que por miedo a la soledad o al rechazo viven esclavas: son capaces de arriesgar su salud, renunciar a su afectividad, asumir prácticas que imitan a las películas o a páginas pornográficas y que les generan un profundo rechazo…

Métodos naturales

— Existe una vieja broma que señala que “aquel es hijo de Ogino”, uno de los pioneros en reconocimiento de los ritmos fértiles de la mujer. ¿Qué evidencia científica hay de que son fiables los métodos más avanzados, como el sintotérmico o el propuesto por Creighton?

— Si el conocimiento es bueno y se practican perfectamente, la tasa de éxito es similar a la del preservativo. Pero el preservativo es decisión de un momento. Los métodos naturales conllevan un compromiso de pareja, respeto a un proceso, perseverancia… Este camino requiere una pedagogía de la afectividad y un acompañamiento de personas experimentadas.

— Como ginecóloga, ha asistido a mujeres en Camerún, en Bolivia, se especializó en oncología ginecológica… ¿Cómo se conjuga la explosión de vida de una fecundación con las sombras punzantes de una enfermedad letal?

— Ahora trabajo en uno de los proyectos más apasionantes de mi vida profesional. Se trata de un programa de cuidados paliativos perinatales (“CUN te acompaña”). Mis pacientes son padres que viven un embarazo con una cortísima esperanza de vida. La emoción de la gestión de la vida convive con la certeza de que en el nacimiento va a llegar la muerte. En muchos partos al cortar el cordón umbilical el bebé va a morir. Yo tengo que cortar ese cordón. Me produce una conmoción total. Me habla de que somos criaturas vulnerables pero creadas para ser amadas.

— Esas historias con nombre y apellido estremecen. La vida y la muerte en la misma cuna.

— Acompañando a estas parejas, se hace patente el valor más profundo a la vida, la dignidad absoluta de un hijo. Nos preparamos juntos para acoger y para despedir. Lloramos y festejamos. Vivimos momentos durísimos, pero en los que tanta intimidad compartida crea un vínculo indestructible. Me considero una privilegiada.

Hace años, Regina Cárdenas creó la fundación “Ellas lo bordan”. Su misión es formar en un oficio a mujeres antes explotadas y ahora abocadas a la exclusión social. Esa aventura pide otra entrevista. De momento, oyéndole, me asombra redescubrir las entrañas de la mujer como una ventana que nos asoma a un admirable eco-universo. Su ciencia médica y su experiencia dentro y fuera de la consulta nos hablan de una fecundidad que trasciende a la fertilidad biológica.

Por Teresa Gutiérrez de Cabiedes para ACEPRENSA

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