Se llama Anna, vive en un pueblo donde todos sus habitantes se conocen entre sí. Ella y su marido trabajaban en una ciudad cercana, y entre los dos vivían sin apuros económicos con la alegría de ver crecer a sus hijos de 6 y 8 años, pero la empresa cerró y hace más de dos años que están en el paro.
Llegué a su casa y la encontré llorando desesperadamente, tal era su desazón que no podía hablar para contarme el motivo de su desconsuelo. De vez en cuando emitía un más profundo suspiro y su mirada era tan lejana e inexpresiva que me tenía asustada. Así estuvo más de una hora, y al fin entre sollozos me explicó:- La poca ayuda que recibimos no nos llega ni para pagar el alquiler y demás gastos caseros, y hoy no tengo ni un euro para poder comprar aun que sea pan i leche para dar un poco de cena a nuestros hijos, nosotros hace tiempo que no cenamos. Seguía llorando, daba puñetazos encima la mesa, y a veces estiraba su melena con rabia, iba de un lado a otro y de vez en cuando daba un grito como para descargar su furia, al fin agotada cayó en un asiento. Sin duda había padecido un ataque de histeria. Más tarde le pregunté ¿Has ido a Caritas? No, no he ido, todo el mundo nos conoce y me da vergüenza, y añadió: – Esta tarde miraba la tele y unos políticos parecían niños pequeños discutiendo por simplezas, ellos tienen un buen sueldo y no pueden comprender nuestro sufrimiento, esto es lo que me ha puesto tan nerviosa.
Cuando se tranquilizó fui a la tienda, luego hable con el médico y con Caritas, y estos me aseguraron que les ayudarían.
Camino de regreso, muy afectada me decía ¿Cuántas Annas habrá en España?
Mª Rosa Bonals (BARCELONA)