EUROPA VIRA HACIA LA PROTECCIÓN DE SU INDUSTRIA

 

5/10/2020

Tras la reunión del viernes de los jefes de Estado de la UE, se ha tomado la decisión de virar hacia un modelo de industria más autónomo y buscar la protección de los sectores estratégicos

El viernes pasado los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) tomaron la decisión de potenciar más su autonomía en sectores considerados estratégicos de la industria como lección aprendida de la crisis de la COVID-19, pero dejaron claro que al mismo tiempo siguen apoyando una economía abierta.

“La UE está totalmente movilizada en favor de una economía abierta, creemos en las virtudes del libre comercio y creemos al mismo tiempo que la UE debe ser más resiliente” y “reafirmar sus capacidades en sectores estratégicos para ser menos dependientes”, indicó el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al término de la cumbre de líderes comunitarios en Bruselas.

Michel recalcó que la Unión ha “constatado a veces de forma dolorosa” por la crisis del coronavirus la necesidad de ser más autónoma en ciertas áreas de la industria y abogó por desarrollar más la soberanía digital o reforzar el mercado interior, para no solo recuperarlo sino además “hacer que funcione mejor”. La UE está ultimando con el Parlamento Europeo la negociación de un fondo de recuperación económica tras la pandemia de 750.000 millones de euros financiado con la emisión de deuda común y un presupuesto de 1,074 billones de euros para 2021-2027. Y quiere que se invierta principalmente en dos pilares principalmente: la transición verde y la transición digital.

“Un mercado único que funcione bien es crucial para nosotros”, indicó la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, quien apuntó como principales obstáculos las barreras que persisten especialmente para la prestación de servicios y los problemas que siguen afrontando las empresas. Aseguró que, a principios del próximo año, la CE presentará un informe de seguimiento para intentar ver “cómo resolver los problemas que afronta empresas a diario”.

El Consejo Europeo pidió adaptar el marco de normas de competencia para “garantizar que cumple los desafíos de la transición verde, la transformación digital y el cambiante contexto global”, y que dé certidumbre a los operadores económicos para apoyar la innovación de la industria. Además, pidieron “explorar” la posibilidad de adoptar normas sobre el papel “sistémico” y las responsabilidades de las plataformas en línea (la Comisión ya trabaja en una actualización de las normas de competencia para 2021).

POR FORUM LIBERTAS

CLAVES PARA ENTENDER LA NUEVA LEY DE TELETRABAJO

teletrabajo

Mediante un decreto ley, el gobierno tiene previsto el 22 de septiembre  lanzar una nueva ley sobre teletrabajo, la cual distingue entre el trabajo a distancia y el teletrabajo

Mañana entrará en vigor la nueva ley que regula el teletrabajo, la cual aportará numerosos nuevos matices los cuales supondrán un marco legal más especifico para esta forma de trabajar. Dicha medida no entrará en vigor de forma inmediata y que tendrá como aspectos clave la necesidad de firmar un acuerdo con el empleado que vaya a trabajar a distancia y la obligación del empresario de pagar los gastos en los que pueda incurrir.

Uno de los primeros puntos a destacar es que para poder acogerse a la nueva normativa, deberá realizar a distancia un 30 % de su jornada semanal durante un periodo de tres meses, es decir, al menos dos días a la semana. Además, los gastos relacionados con los medios vinculados a su actividad laboral serán fuente de derecho al abono de dichas inversiones.

La futura ley distingue entre trabajo a distancia (actividad laboral desde el domicilio o el lugar elegido por el trabajador, con carácter regular); teletrabajo (trabajo a distancia realizado exclusivamente o de manera prevalente por medios y sistemas informáticos o telemáticos), y trabajo presencial (el que se presta en el centro de trabajo o en el lugar que elija la empresa). Los empleados que trabajen a distancia tendrán los mismos derechos que los presenciales y no podrán sufrir perjuicio de sus condiciones laborales, incluyendo retribución, estabilidad en el empleo, tiempo de trabajo, formación y promoción profesional.

El trabajo a distancia será voluntario para la persona trabajadora y el empleador, además de que requerirá la firma de un acuerdo. Será reversible y no constituirá causa justificativa de despido o de modificación sustancial de las condiciones laborales la negativa del trabajador a desempeñar su actividad a distancia, su falta de adaptación o ineptitud, o el ejercicio de reversibilidad (volver a la modalidad laboral anterior).

Las personas que trabajen a distancia tendrán prioridad para ocupar puestos que se realizan total o parcialmente de manera presencial, por lo que la empresa deberá informar de las vacantes disponibles. Tendrán derecho a la formación en términos equivalentes a los trabajadores presenciales; a la promoción profesional; a la desconexión digital; al derecho a la intimidad y protección de datos; a la seguridad y salud en el trabajo, y a recibir de la empresa los medios adecuados para desarrollar su actividad.

Por otro lado, la empresa podrá “adoptar las medidas que estime más oportunas de vigilancia y control” para verificar el cumplimiento de los trabajadores de todas sus obligaciones y deberes laborales, pero con la debida consideración a su dignidad.En este sentido, también deberá incluirse el horario de trabajo y las reglas de disponibilidad del trabajador, la distribución entre trabajo presencial y trabajo a distancia, el centro de trabajo donde queda adscrito el trabajador, el lugar de trabajo a distancia elegido por la persona o la duración de plazos de preaviso para el ejercicio de las situaciones de reversibilidad.

Está por ver si las reglas transitorias aplicables a las relaciones del teletrabajo se mantienen en los plazos establecidos en el último borrador. En él se contemplaba que esta nueva ley sería de aplicación a las relaciones vigentes que estuvieran reguladas, con anterioridad, por acuerdos o convenios colectivos desde el momento en el que éstos perdieran su vigencia. En el caso de que dichos acuerdos y convenios no establezcan un plazo de duración, se decía en el texto que la norma será aplicable íntegramente una vez transcurrido un año desde su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE), salvo que las partes acuerden un plazo superior, como máximo de tres años.

Mediante un decreto ley, el gobierno tiene previsto mañana lanzar una nueva ley sobre teletrabajo, la cual distingue entre el trabajo a distancia y el teletrabajo

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LA FRAGILIDAD LABORAL DE LA HOSTELERÍA RESIENTE A LA ECONOMÍA

Hostelería

El sector de la hostelería, el cual presenta la mayor concentración de empleo temporal y parcial, es el que más ha sufrido el impacto económico de la crisis económica actual. Este hecho, unido al tamaño de las empresas del sector, genera una gran debilidad económica.

Según el investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) Alejandro Escribá esta combinación son un gran problema puesto que estos empleos son los más susceptibles de desaparecer cuando se produce una caída de la demanda, como ha ocurrido durante esta crisis sanitaria. No solo el descenso de la demanda se ha producido durante el estado de alarma, sino que seguirá registrándose tanto por las restricciones en los aforos como por el miedo de los ciudadanos a pedir este tipo de servicios, alerta Escribá.

Los empleos temporales o a tiempo parcial son los primeros candidatos a desaparecer en procesos de regulación de empleo por causas económicas, y la hostelería es el sector que tiene una mayor combinación de empleo temporal (con tasas próximas al 36,4 %) y a tiempo parcial (25,6 %), con lo cual presenta una tipología de empleo altamente vulnerable ante fluctuaciones en la demanda.

Un aspecto que puede moderar la vulnerabilidad del sector y del empleo que genera es la capacidad de las empresas para soportar el impacto, que depende de factores como su tamaño, productividad, nivel de competitividad y vulnerabilidad financiera.

Se calcula que en la actualidad el 20% de los más de 300.000 establecimientos hosteleros que hay en España han cerrado sus puertas, y se prevé un aumento de este porcentaje de cierres definitivos a final de año, con una estimación de entre un 20 y 30%, es decir, entre 55.000-85.000 establecimientos cerrarán de manera definitiva.

Además, de los 1,7 millones de personas que empleaba el sector antes de la crisis, solo 1,4 millones continúan dadas de alta en la seguridad social (según datos del INE), y de estas, el 63% estaba acogido al ERTE durante el mes de mayo.

En términos de facturación, la patronal del sector ha señalado que, si bien antes de la crisis sanitaria el volumen de ventas se situaba en más de 123.000 millones de euros, el periodo más grave de la crisis ha registrado pérdidas de más de un 50% con respecto al mismo periodo del año pasado y sitúa en un 40% el porcentaje de pérdidas a final de año.

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LA RECOLOCACIÓN INDUSTRIAL EMERGE EN TODO EL MUNDO

Los cambios en los modelos de consumo, como se evidencia en la grave crisis en que se está sumiendo el sector del automóvil en Europa o la demanda de productos ecológicos y de proximidad, también juegan a favor de la relocalización

Aún en pleno choque por el cierre de la planta de Nissan en Barcelona, ​​empresa responsable del 1,3% del PIB y del 2,6% de la ocupación industrial en Cataluña, la relocalización de empresas tras la epidemia del coronavirus parece un sueño tan bonito como lejano.

Pero en todo el mundo la opción de la relocalización industrial emerge con fuerza.

La crisis de la Covid-19 ha puesto en evidencia la falta de producción propia de mascarillas y de aparatos respiradores en Europa, pero también la fragilidad de las cadenas de suministro mundiales de sus empresas. Estiradas al máximo para optimizar (léase reducir) costos, muchas han sufrido una falta de piezas y materiales que les ha obligado a disminuir o incluso detener la producción.

A este factor de seguridad se añade la separación económica entre China y los Estados Unidos, el decoupling del que los estadounidenses hablan cada vez más. El enfrentamiento económico entre las dos potencias mundiales tendrá graves consecuencias para el resto de los países, obligados, como durante la Guerra Fría, a tomar partido por un bando.

Este enfrentamiento económico tiene un fuerte componente tecnológico en la era de la industria 4.0, dirigida por la hiperconectividad (Internet de las cosas) y la Inteligencia Artificial.

También hay que considerar el factor climático, que cada vez tiene más peso a la hora de tomar decisiones económicas, como demuestra el anuncio de la Comisión Europea de promover una recuperación económica verde.

Los cambios en los modelos de consumo, como se evidencia en la grave crisis en que se está sumiendo el sector del automóvil en Europa o la demanda de productos ecológicos y de proximidad, también juegan a favor de la relocalización.

Ahora, el coronavirus ha hecho del todo evidente lo que numerosos observadores advertían desde hace años: la desindustrialización es un factor importantísimo de vulnerabilidad económica y social.

Se calcula que la desindustrialización ha costado a Francia 2 millones de puestos de trabajo en 20 años y ha retirado una parte importante de su crecimiento económico. En cuanto a España, es el gran país europeo que más se ha desindustrializado durante el mismo periodo. El sector secundario ha pasado de representar el 19% del PIB a tan solo un 12% en la actualidad.

Pero otros países como Alemania, Corea del Sur o Taiwán demuestran que es posible combinar innovación con una industria próspera. Siguiendo su camino y desvelados por el Covid-19, los Estados Unidos y Japón ya incitan a sus campeones industriales a salir de China, a diversificar sus suministradores y repatriar las actividades de alto valor añadido.

¿Qué nos enseñan estos casos?

Según el ensayista francés Nicolas Baverez, una relocalización industrial de éxito depende de dos factores: en primer lugar, hay que evitar la trampa del retorno a una economía autárquica y administrada por los poderes públicos. Y, en segundo lugar, se debe desplegar una verdadera estrategia industrial donde se establezcan como criterios claves de la relocalización la competitividad, la innovación y la inversión adecuada.

Así pues, no todo es relocalizable. La competitividad emerge como fundamento del retorno de la industria a nuestro país, y le pone condiciones.

Entre estas, la existencia de un entorno favorable al sector privado, bien nutrido de profesionales con cualificaciones elevadas, con buenas infraestructuras y una base de centros de investigación y pequeñas y medianas empresas saludables. Combinados, estos factores actúan como un “acceso directo” para los inversos y grandes actores industriales que se plantean la relocalización de parte de sus actividades industriales.

POR FORUM LIBERTAS

ACTIVIDAD ECONÓMICA EN ESPAÑA

 

Hay que propiciar que la economía española sea más real y menos especulativa, así como que las industrias y actividades económicas, cuya titularidad es de españoles y radicadas en el extranjero regresen a España, lo antes posible, de donde nunca deberían haber salido, y quizás se hubiese evitado en parte la situación en que nos encontramos, pudiendo ayudar más y mejor a otros países, cosa que ahora lamentablemente no podemos hacer por estar tan limitados.

BAJAR IMPUESTOS PARA CRECER Y BAJAR EL DÉFICIT

“You can dream about vacation in the sun but you can’t never have you one ‘cause by the time good old Uncle Sam gets done, after tax you’ve got just enough for gas” Johnny Cash

El jueves, un amigo me comentaba que lo que más le preocupaba de España es la percepción de algunos políticos de que la inversión y el empleo son favores que conceden ellos por el honor de arriesgar y emprender en nuestro país.

Los datos de la semana en economía:

Deuda al 100%

La indignación política en España porque la deuda haya alcanzado el 100% del PIB es simple y llanamente postureo. A ninguno de los que se están rasgando las vestiduras le importa que llevemos 685.000 millones de euros de expansión fiscal desde 2009. De hecho, es cuando menos una broma de mal gusto mostrar “indignación” por el ratio de deuda sobre PIB cuando exigen aumentar y retrasar el objetivo de déficit, programas de más gasto y cuando se tiene un historial atroz de ejecución presupuestaria.

Es todavía más aberrante leer que el problema del déficit es por las bajadas de impuestos. Se han reducido los impuestos y la recaudación ha aumentado un 4%, más que el PIB real. Porque bajar impuestos no es electoralista, es devolver parte del esfuerzo que han sufrido los ciudadanos españoles para cubrir el agujero que dejaron. Recordemos cuando aplicaban las recomendaciones de Stiglitz (no se pierdan las declaraciones aquí) . “Hay margen”, “el déficit no importa”… Y se duplicó la deuda del 36% al 70% entre 2007 y 2011.

Se duplicó a través de gasto inútil, y en 2011 dejaron 30.000 millones de euros de déficit oculto, 45.000 millones de facturas impagadas, un coste de rescatar a las cajas públicas –que decían que tenían mejores ratios de solvencia que los bancos ingleses- de 63.000 millones y 40.000 millones de rescate a las Comunidades Autónomas que, gastando “para crecer”, se fueron a la quiebra.

Y el riesgo es que se duplicará con la monserga de que subiendo gastos e impuestos se reduce el déficit. Porque si el gobierno hubiera hecho lo que reclamaban esos economistas que hablaban de “austericidio”, cuando se ha mantenido el gasto social, el déficit no habría bajado 4 puntos, se habría mantenido en el 8-9%, no creceríamos al 3% ni co-lideraríamos la creación de empleo de la UE. ¿Por qué lo sabemos? Porque con sus “recetas” -gastar más y subir impuestos- Portugal, Grecia, Francia e Italia siguen estancados. Y con ellas, hoy tendríamos una deuda pública al menos 80.000 millones más.

Pero mayor es el riesgo de los incentivos perversos que nos llevaron a esa brutal destrucción de la solvencia de las cuentas públicas. La idea de que los gastos son inamovibles, que el déficit crea empleo o que perpetuar los desequilibrios va a evitar recortes, cuando es al revés. Esos desequilibrios se traducen en menor crecimiento potencial, mayores recortes a futuro –porque no se hacen los deberes con tipos bajos y creciendo- y los empleos creados por exceso de deuda desaparecen por el abuso de la misma, pero se sale de la crisis endeudado y se entra más endeudado aún.

Con un gasto duplicado que las estimaciones más conservadoras, incluyendo las del gobierno, sitúa en 30.000 millones anuales, es una vergüenza que se tilde de electoralista devolver el esfuerzo a los españoles y no a seguir despilfarrando en observatorios, subvenciones y gasto político –que no tiene nada de social-.

Impuesto para pagar las pensiones “como en Francia”

La última entelequia de los aristócratas del gasto público es subir impuestos para “pagar las pensiones” “como el que hay en Francia”. Curioso, porque con ese impuesto, en Francia llevan recortando las pensiones en varias ocasiones desde 1996. La última en 2015. No solo eso, sino que los propios pensionistas franceses pagan ese impuesto complementario para sostener la Seguridad Social. Delirante.

El sistema de pensiones no se hace sostenible con más impuestos, que cercenan el crecimiento potencial, el consumo y la creación de empleo. Y no se garantiza ignorando los efectos demográficos y la productividad (lean). Se hace sostenible creando empleo, permitiendo que las empresas crezcan, que aumente la productividad y con ella los salarios, generando mayores ingresos a la Seguridad Social a futuro.

Desde la represión fiscal, no. El PSOE sabe perfectamente cómo hacer un sistema de pensiones insostenible porque han gobernado 21 años España y 35 en Andalucía, región campeona de paro de Europa. Destruyendo empleo y entorpeciendo el crecimiento. Durante los 21 años de gobiernos del PSOE el número de desempleados creció en 4,47 millones. Un aumento de 217.000 personas de media al año. La propuesta esconde simplemente el afán recaudatorio de unas políticas que no solo no cuestionan los desequilibrios y gastos inútiles, sino que buscan perpetuarlos.

Bajar impuestos para crecer y reducir déficit

Acusar a la bajada de impuestos del incumplimiento del déficit es un insulto a los ciudadanos y empresas que han sufrido el impacto de la subida que se hizo para cubrir el desastre dejado en 2011. Y es una afrenta a todos los que trabajan duro cada día y gestionan sus gastos desde la prudencia, y ahorrando. Es el insulto a todos los ciudadanos de una burocracia política y los que pretenden vivir de ella que se niega a ajustar gastos como lo han hecho el resto de españoles.

Una de las cosas que más les molesta a los intervencionistas es que nadie en la Unión Europea ha criticado las bajadas de impuestos, porque han funcionado. Se ha recaudado más y crecemos. De hecho, los países que han mantenido impuestos bajos o los han reducido han salido antes y mejor de las crisis. Reino Unido bajó impuestos a empresas y familias y recaudó 24.000 millones de libras más, y la política de bajos impuestos y contención de gasto ha funcionado en países como Irlanda, la propia Alemania, México, Indonesia, Corea del Sur…

Irlanda, país rescatado y de la UE y que sufrió desequilibrios muy similares a los españoles, ha bajado el déficit, crece más y crea empleo con impuestos bajos y política de apertura. Que no vengan con sandeces de lo que “exige” la Troika. No solo eso, sino que los ingresos fiscales irlandeses se dispararon en más de 3.000 millones de euros por encima de lo presupuestado, un aumento del 7,8%, llevando al gobierno a revisar tres veces a la baja sus expectativas de déficit. Irlanda ha bajado el déficit a la mitad a pesar del coste del rescate de sus bancos y tiene como objetivo el déficit cero en 2017. La deuda pública, a pesar de la losa que supuso el rescate, se ha reducido del 107% del PIB al 93,8%.

Lo que no tienen en Irlanda son partidos que sumen dos y dos salgan veintidós. Ni políticos que justifiquen el despilfarro y la enorme burocracia con el cuento del “gasto social”. Ni economistas que llamen a las duplicidades, excesos, subvenciones y despilfarros “el chocolate del loro”.

El ejemplo contrario, el fracaso absoluto, han sido las “comunidades del cambio”. Con la economía creciendo, han subido impuestos y aumentado gastos políticos con la promesa de recaudar más y cubrir ese dispendio con más ingresos y ¿qué ha ocurrido? Lo que ocurre siempre con las estimaciones de ciencia ficción. Han incumplido el objetivo de déficit, más del triple del objetivo algunas. España, desde 1980, ha sido deficitaria todos los años menos en los tres de la burbuja inmobiliaria. ¿Por qué? Porque cuando bajan los ingresos, se gasta más, y si suben los ingresos, se gasta mucho más. Paga usted.

Es por ello que el gobierno no solo debe defender las bajadas de impuestos, sino convertir las bonificaciones temporales en permanentes para dejar de ser uno de los países con impuestos al trabajo más altos de la OCDE. Para adecuar nuestro sistema de cuotas de autónomos a los de los países líderes y para recuperar los puestos perdidos en facilidad para crear empresas.

Mientras, los que se indignan con la deuda, pero quieren más déficit, que es como indignarse por la obesidad exigiendo más donuts, esos que critican las subidas de impuestos de 2012 pero los quieren subir más, que sigan recomendando las políticas que nos llevaron al borde de la quiebra. Lo que tiene que hacer el futuro gobierno es leer sus programas, libros y propuestas y hacer lo contrario. El éxito estará asegurado.

POR EL ESPAÑOL, SR. DANIEL LACALLE, 21/05/16

El peso de la Industria en el PIB de España, entre los más bajos de la UE

España se encuentra entre los países de la Unión Europea donde el sector industrial tiene menor peso en el PIB, un 23% del total. En concreto, en Rumanía (que lidera el ranking) el peso de la industria es un 17 puntos mayor que en el caso español; en República Checa, 15 puntos, y en Suecia, 11 puntos más, según un estudio publicado por el Instituto de Estudios Económicos.

Así, el peso del sector industrial –incluido el sector de la construcción- varía considerablemente en los países de la Unión Europea. Expresado en términos de PIB, los países con la mayor aportación del sector industrial son algunos de los nuevos miembros de la UE, entre los que destacan Rumanía con un 40% y la República Checa con un 38%.

Suecia ocupa el tercer lugar con un sector industrial fuerte, que alcanza un 34% sobre el PIB. A continuación figuran Eslovenia, Eslovaquia y Hungría. Alemania y Polonia comparten un 31%, mientras que las cifras ya bajan al 28% en Irlanda y Austria y al 24% en los Países Bajos, Bulgaria e Italia.

 

En España, la industria tiene un peso en el PIB del 23%, con lo que está entre los países con una aportación más bien reducida del sector industrial. Dinamarca comparte con España el 23%, al tiempo que Portugal y Bélgica llegan ambos a un 22%. Los cuatro últimos lugares corresponden a Francia (20%), el Reino Unido (19%), Grecia (15%) y Luxemburgo (10%).
Sector industrial en % del PIB (2015)
Fuente: Instituto de Estudios Económicos (IEE)
Por El Empresario.com 25 de Abril de 2017