6 de mayo de 2026. Por María Martín para Forum Libertas
Una convocatoria marcada por la conmoción social generada tras el caso de eutanasia de la joven Noelia Castillo
La Fundación NEOS y la Asamblea de Asociaciones por la Vida, la Libertad y la Dignidad celebraron este lunes en Madrid el acto «Ayuda a vivir, no a morir. El caso Noelia y la cultura de la muerte», una convocatoria marcada por la conmoción social generada tras el caso de eutanasia de la joven Noelia Castillo.
El encuentro, que llenó el auditorio de la Mutua Madrileña, reunió a expertos en bioética, medicina y derecho, además de testimonios personales que pusieron rostro a una cuestión de enorme calado moral: cómo debe responder una sociedad ante el sufrimiento, la enfermedad y la fragilidad.
La vicepresidenta de NEOS, María San Gil, abrió la jornada recordando que el debate sobre la eutanasia no puede abordarse al margen de la dignidad de la vida humana. En su intervención, afirmó que el caso de Noelia debe marcar un punto de inflexión en la sociedad española y alertó del riesgo de normalizar la eliminación del sufrimiento mediante la muerte, en lugar de fortalecer los recursos de cuidado, acompañamiento y atención.
María San Gil defendió que la vida es el “supraderecho”, aquel sin el cual todos los demás derechos pierden su fundamento.
Uno de los momentos más conmovedores del acto llegó con el testimonio de Dolores Garrido, madre de seis hijos, tres de ellos con discapacidad. Desde la sencillez de la vida cotidiana, Dolores recordó que en su familia “cada uno es llamado por su nombre, no por el problema que pueda tener”.
Sus palabras subrayaron quela fragilidad no reduce el valor de una persona, sino que reclama una mayor entrega de amor, cuidado y responsabilidad.
También estuvo presente, a través de unas palabras leídas por su madre, Marimar García, periodista afectada desde la infancia por una enfermedad degenerativa y autora del libro Mar Afuera. En su mensaje, afirmó que “la dignidad humana reside en la propia persona, no en las circunstancias”. Con ello quiso rechazar que el valor de una vida pueda medirse por la autonomía, la salud o la ausencia de dolor. La verdadera respuesta al sufrimiento, defendió, no debe ser ofrecer la muerte, sino acompañar, sostener y cuidar.
Tras estos testimonios, una mesa redonda abordó las dimensiones bioéticas, médicas y jurídicas de la eutanasia. Participaron Elena Postigo, directora del Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria; Álvaro Gándara, médico especialista en cuidados paliativos; y Tomás Chivato, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo.
Los tres coincidieron en que la eutanasia no puede plantearse únicamente como una cuestión de libertad individual, sino que exige preguntarse por la responsabilidad del Estado ante los más vulnerables.
Elena Postigo reclamó recuperar una “bioética del cuidado”, frente a una visión individualista que absolutiza la autonomía y olvida la verdad de la persona. Gándara, por su parte, denunció las graves carencias del sistema sanitario español en cuidados paliativos. Según explicó, miles de personas mueren cada año sin recibir la atención adecuada, lo que puede convertir la eutanasia en una salida derivada no de la libertad, sino de la falta de alternativas reales. Por ello, reclamó una ley nacional de cuidados paliativos que garantice una atención digna en todo el territorio.
Tomás Chivato recordó que la misión de la medicina es aliviar el sufrimiento y acompañar al paciente, no provocar la muerte. También defendió la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios como garantía imprescindible.
El acto concluyó con la lectura del manifiesto «Ayuda a vivir, no a morir», que será remitido al Defensor del Pueblo, a los grupos parlamentarios y a los partidos políticos.
NEOS y las entidades convocantes pedirán una revisión rigurosa de la actual ley de eutanasia y del caso Noelia Castillo, así como la aprobación urgente de una ley nacional de cuidados paliativos.
El mensaje final fue claro, una sociedad verdaderamente humana no se mide por su capacidad de acelerar la muerte, sino por su compromiso con quienes más sufren.
